Diplomacia colombiana, terrorismo y cambio climático

Opinión Por

Muchas son las temáticas del nuevo orden internacional y por ende los problemas que se presentan a ese nivel que afectan no solo al mundo sino a Colombia; solo quiero referirme a dos de ellos, que son: el cambio climático y el terrorismo. La corrupción va ligada a estos dos problemas, por ello no la menciono como un tema aparte a analizar.

Respecto a la COP26: una cumbre climática, la aprobación del Pacto de Glasgow se debilitó por la oposición de última hora de India y China a un párrafo sobre la necesidad de eliminar la dependencia del carbón, y acabar con los subsidios a los combustibles fósiles.

Es lamentable que potencias regionales como lo son China e India cuyo crecimiento es positivo, con economías estables y que compiten entre ellas en los escenarios internacionales de primer orden y en el regional en proyectos bancarios, en ciencia y tecnología de innovación, y que tienen una alta responsabilidad en el calentamiento climático por la cantidad  de carbono que emite, no tengan en cuenta que la existencia de la humanidad, y la suya propias,  está en peligro de desaparecer.

Lo peor es que la influencia de estos países en el África y en la América Latina es enorme hasta el punto de permear su soberanía, y los gobiernos de estas regiones no se constituyen en un grupo de presión, para obligarlos a invertir en el cambio climático de una manera seria, ya que necesitan de nuestras materias primas.

La hambruna aumenta a medida que crece la población, e institutos como el de Economía y Paz con sede en Nueva York, consideran que para el 2035 se duplicará la población en muchos de los países como por ejemplo Nigeria, por lo que si no controlamos y cuidamos el planeta no solo acabaremos con muchos ecosistemas y especies de fauna y flora, sino que tendremos guerras por el agua y el alimento, pues no tendremos qué comer.

El panorama no puede ser más negro si a esto le agregamos el aumento de la miseria en el mundo, la desigualdad, la falta de empleo, el estancamiento económico, la debilidad de la democracia y la consolidación de las autocracias; todos estos factores, han venido propiciando el aumento del terrorismo.

Si bien es cierto que para Colombia el tratar de ampliar sus relaciones diplomáticas es positivo, deja de serlo si carecemos de una política migratoria que le convenga al país y si no hacemos filtros necesarios, como lo hacen otros Estados como por ejemplo Canadá y Australia.

Nuestro país tiene un Estado débil,  una alta corrupción, y un conflicto armado que no se cierra por la falta de voluntad política, lo que ha venido siendo un escenario favorable para la expansión y la consolidación de grupos al margen de la ley.

El diario El Tiempo de fecha 14 de noviembre, en su noticia sobre El rastreo a los planes ocultos de Hezbolá en Bogotá, mencionó que existen grupos terroristas del Hezbolá en Venezuela, y  que al parecer tiene relaciones con las disidencias de las Farc y el ELN, y que el gobierno de Maduro realiza inteligencia en Colombia apoyado en espías iraníes.

Nuestra diplomacia debe fortalecerse y concentrarse en el Ministerio de Relaciones Exteriores siguiendo los lineamientos del Jefe de Estado e impedir injerencias de otros funcionarios que nos colocan en evidencia a nivel internacional.

No podemos caer rendidos ante ciertos países solo porque nos traigan su dinero, si detrás de ello, estamos importando fundamentalismos religiosos y de paso más terrorismo.

Es vital que pensemos en la conveniencia de las relaciones diplomáticas para Colombia y sus conciudadanos, a la vez de ser cautelosos, recuperar la credibilidad institucional, la imagen internacional y no solo en el signo dólares, porque podríamos salir más debilitados de lo que estamos.

Urge una política migratoria seria y colocar un alto a los migrantes que no le aporten al país, y sí que traigan más violencia o que agudicen la falta de cohesión social y la miseria para nuestros territorios.

Hay que diferenciar entre la conveniencia de ayudar a los refugiados y a los migrantes, y la política migratoria que debemos implantar, sin violar las normas internacionales.

El terrorismo tiene sus repercusiones en la destrucción de nuestro medio ambiente, en la miseria, en el acrecentamiento de la violencia en el campo y por ende en la hambruna; no podemos darnos el lujo de equivocarnos por dejarnos impresionar con promesas inversionistas de algunos países en particular.

Urge la consolidación de los acuerdos de paz, y en especial el primer punto: la reforma rural integral, para fortalecer la institucionalidad democrática, pues se nos avecinan tiempos difíciles no solo internamente sino a nivel internacional, con serias repercusiones para Colombia.

Ex-diplomática. Abogada, con una Maestría en Análisis Económicos y en Problemas Políticos de las Relaciones Internacionales Contemporáneas, y una Maestría en Derecho Comunitario de la Unión Europea. Autora del Libro, Justicia transicional: del laberinto a la esperanza.

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