Mirando al futuro como nación

Opinión Por

Mientras para Carlos Ruiz Massieu, representante especial del secretario general de la ONU, António Guterres, y jefe de la Misión de Verificación del acuerdo de paz de Colombia, este sigue siendo un referente mundial y un ejemplo, pues es patrimonio de los colombianos y del mundo, para el presidente Duque es un acuerdo frágil y para algunos precandidatos presidenciales del Centro Democrático hay que acabarlo.

Por eso, uno se pregunta sobre la ceguera de algunos políticos colombianos que generan odio y no miran el desarrollo del país y los beneficios que el acuerdo de paz le trae a la nación en general.

Es lamentable que el mundo pueda admirar la tenacidad que se tuvo en llevar a buen término el acuerdo de paz, y que nosotros en casa engendremos de mala fe desinformación y lo demeritemos, solo por tratar de dividir más al país y de tener ganancias políticas.

A cinco años del acuerdo de paz a pesar de la falta de voluntad política que ha existido y de no tener el Estado el control de todos los territorios dejados por la exguerrilla, podemos decir que se nota el cambio positivo en el país.

No podemos echarle la culpa a los acuerdos de paz del aumento de la inseguridad, ya que la obligación constitucional la tiene el Estado.

Nadie dijo que la implementación de estos acuerdos iba a ser fácil y ese es el reto que todos como nación debemos afrontar y ayudar para que se lleve a cabo en toda la geografía colombiana.

Según el balance que realizó el representante de la ONU en el país, hay áreas en las cuales se avanza mejor, otras en las que se prospera menos y otras en las que no se progresa.

El solo hecho de que a pesar de los desafíos que faltan, la reincorporación sea un tema que mejor ha avanzado, junto con los proyectos productivos y las inversiones en los territorios afectados por el conflicto armado, ya es una ganancia importante, con miras a que la población de estos territorios se dinamice y tenga mejor calidad de vida.

La implementación de lajusticia transicional a través de la JEP es otro aspecto fundamental que ha avanzado con unos resultados importantes en los que ha habido reconocimientos de episodios transcendentales en los que se desangro al país, a su institucionalidad y a miles de víctimas.

A contrario sensu, el tema de seguridad de excombatientes y de liderazgos sociales y comunitarios parece no dar frutos, ya que las matanzas no paran .De la misma manera es desafortunado ver la falta de presencia del Estado y de inversión en los departamentos del Choco, Cauca, Nariño, Putumayo, Caquetá, regiones que no solo han venido siendo afectadas por el conflicto armado, sino por una mixtura de actores ilegales como son el sicariato, el narcotráfico, los paramilitares, entre otros.

Lo lamentable es que algunas de estas regiones se encuentran ubicadas en zona de frontera lo que en lugar de ser una fortaleza, se convierte en otra debilidad en la que el Estado inoperante y ausente deja a sus conciudadanos en manos de la delincuencia.


Parece ser que la idiosincrasia colombiana se ha acostumbrado al facilismo, a ver todo de manera negativa y a tener como deporte el criticar, algo que nos debilita como sociedad.

Deberemos mirar la historia de otros países como Alemania por ejemplo, que ante la adversidad y los retos que se dieron en su oportunidad con la unidad alemana, se unieron como país con una actitud positiva sin importarles la dimensión de los desafíos que se avecinaban en el presente y futuro, ni los sacrificios que deberían hacer a favor de ellos mismos y de su nación.

Es hora que nosotros como sociedad asumamos unidos la implementación del acuerdo de paz para que logremos el desarrollo que merecemos y podamos fortalecer la institucionalidad democrática y permitir que el Estado retome su soberanía.

Empecemos a construir futuro en unidad. Cambiemos la historia.

Ex-diplomática. Abogada, con una Maestría en Análisis Económicos y en Problemas Políticos de las Relaciones Internacionales Contemporáneas, y una Maestría en Derecho Comunitario de la Unión Europea. Autora del Libro, Justicia transicional: del laberinto a la esperanza.

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