CUANTO NOS DUELE COLOMBIA

Opinión Por

Son tantas las dificultades por las que estamos atravesando que por momentos pensamos: No vamos a poder construir el Nuevo Proyecto de Nación: solidario, justo, ético, pacifico, ecológico, fraternal que nos están reclamando los nuevos y antiguos actores de los procesos sociales, que exigen verdaderas condiciones democráticas para trabajar por el bien de nuestra angustiada sociedad.

Y no es para menos. La grave alteración del orden público nacional en más de diez departamentos, originada por el “paro armado” que declararon las llamadas “Autodefensas del Clan del Golfo”, mantiene a toda la sociedad colombiana en estado de conmoción mental y desesperación que ha llegado a verdaderos niveles de intolerancia.

En nuestra condición de demócratas, nos preguntamos ¿Cómo es posible que una minoría agresiva y armada pueda poner al Estado de Derecho de rodillas? Impidiéndole a la sociedad llevar sus niños al colegio, asistir a sus trabajos y requerimientos laborales, impedir la atención médica a los enfermos que la requieren con urgencia, bloquear de hambre y sed a las comunidades que viven bajo sus aterradores dominios, incendiar con suprema facilidad vehículos particulares y públicos donde se transportan pasajeros, alimentos de primera necesidad, combustibles y otros productos vitales para nuestra economía y violar sistemáticamente los Derechos Humanos.

Algo está funcionando muy mal en el engranaje político administrativo de la nación. Da la sensación que el presidente Duque y sus ministros andan “al garate con el Estado Colombiano”. Cuando debían ser funcionarios probos, preocupados por la marcha serena de nuestras instituciones han resuelto bajarse a la arena política y convertirse en contraparte vulgar de posiciones políticas, que son al fin y al cabo la base de la democracia.

El presidente Duque ha dado muy mal ejemplo y un mal consejo al autorizar al comandante del ejercito nacional, general Zapateiro entrar en la campaña electoral tomando partido en contra de uno de los candidatos de la oposición, violando claras orientaciones jurídicas contenidas en la Constitución Política colombiana. Situaciones peligrosas como estas vivieron la democracia colombiana. Pero allí estuvo la visión jurídica y el sentido democrático del Expresidente Alberto Lleras Camargo, que en su célebre discurso del Teatro Patria ordenó a los militares insurrectos volver a los cuarteles y no participar por ninguna razón en la política partidista.

El presidente Duque debe aconductarse. Entender que es el más alto funcionario del Estado y no puede, bajo ninguna circunstancia, tomar partido a favor y en contra de candidatos presidenciales, hoy en plena contienda electoral. Debe garantizar ante la majestad de la nación, que es y será imparcial en el devenir de las elecciones y debe orientar correcta y sagradamente a sus ministros y demás funcionarios a mantener una total imparcialidad frente a las decisiones que tome la mayoría de electores colombianos.

Esperamos que lo haga en esta forma y así evitarle a nuestra angustiada sociedad caminos de dolor y sangre. Ya es hora que Colombia tenga una verdadera transparencia en sus sagradas decisiones democráticas. 

Presidente del Comité Permanente de defensa de los DD.HH. Fue Embajador de Colombia en Europa. Trabajó en el Programa de Paz de la Universidad Pedagógica de Colombia, y es un reconocido defensor de Derechos Humanos.

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