DIOSES SOIS

Opinión Por

Vuelve y juega.

Como si no fuera bastante con el caso de esclavitud de Edy Fonseca, la vigilante del Edificio Luz Marina en el Barrio Rosales de Bogotá, el caso de Hélber Bolívar, otro vigilante contratado de manera irregular por  Patricia Ramírez y dos señores, uno de nombre Jairo y otro de nombre Fernando, según reporta a medios de comunicación el mismo señor Bolívar, dueños de la bodega en que se guardan los alimentos de la cadena de restaurantes “La Ponderosa”, ubicada al norte de Bogotá, en la que fue recluido por 50 días sin alimentación ni pago de su salario y a donde su hija le llevaba ropa y alimentos, vuelve a poner en tela de juicio el comportamiento ético de los colombianos en medio de esta cuarentena.

¿Qué hace que algunas personas de una sociedad como la colombiana en donde el 74% de la población se identifica con el cristianismo católico y el 16% con el cristianismo no católico, según retratan las encuestas,  se crean dueñas de otras, se crean con la autoridad de someter a otras? ¿Es posible que ese Jesús el Cristo al que muy seguramente le rezan por igual tanto la señora Patricia, como el señor Helber, tanto el senador Varón que conociendo la esclavitud de Edy Fonseca no hizo nada, constituyéndose en cómplice de su secuestro, como la propia Edy, tenga algo que ver con esa actitud hacia la vida?

De acuerdo con la teología católica, la obediencia hacia Dios y hacia lo que manda su Cuerpo terrenal, su Iglesia, comandada por el clero, es el sentido pleno de la vida, que se sintetiza de manera magistral en los votos monacales de pobreza, obediencia y castidad, es decir, en la plena sumisión a la autoridad instaurada, (cualquiera sea la forma que tome: clero, aristocracia, monarquía…), a la que no se le discute, en tanto que es designio divino, “quedarse como está”, sin cuestionar la estructura social.

Esta visión que realza la idea del Cristo Rey y Sacerdote, que gobierna a través de sus lugartenientes, la mayoría de las veces organizados en partidos políticos, justifica que los poderosos lo son porque “Dios así lo quiso”, por lo que se debe servir desde donde se está en la escala social, especialmente si se es pobre, subordinado, ya que “es la voluntad de Dios”.

Sin embargo, a pesar de ello, existe una realidad biológica y es que el ser humano es un Homo Sapiens, un primate más en el ecosistema mundial, que gracias a la capacidad cerebral que le hizo desarrollar un sistema de comunicación que le lleva a cuestionar y reflexionar sobre sí mismo y sobre su entorno, también es un zoon politikon, un animal político que a través de la creación de normas, reglas y sistemas de gobierno, aprovechando justamente esa ventaja comparativa con los demás animales, busca vivir bien en eso que inicialmente se llamaba la polis, la ciudad y que hoy en día denominamos la civilización.

La esclavitud, la subordinación y la completa sumisión no es la forma más adecuada de conseguir vivir bien, aun cuando así lo quieran las Iglesias tradicionalistas, ya que la evidencia nos indica que antes de ser un animal político, el ser humano es un zoon koinonikon, un animal comunitario que fiel a sus impulsos bioquímicos cerebrales y guiado por su instinto gregario, propio de los mamíferos, que lo hace agruparse y vivir en familia, en tribus, como los otros simios, actúa de manera coordinada buscando un bien común.

En este punto es válido recordar lo dicho por Frans de Waal, reconocido biólogo, dedicado a estudiar el comportamiento de los primates, quien afirma que en los simios existen tendencias afectivas que se podrían considerar cimientos fundamentales de la ética humana, tales como la empatía, sentimiento clave que hace que nos interesemos por los demás, que nos hace ponernos en su piel y comportarnos de manera altruista; además de tendencias como la reciprocidad y el rechazo frente a un reparto injusto de recursos.

Según De Waal, la ética humana, ese compendio de normas que modulan el comportamiento que se supone debe tener dicho animal en tanto acciones y decisiones, tiene sus raíces en el primate pasado de nuestra especie y no en los textos sagrados, eso sí, aclarando que no existe algo semejante a eso que se pueda llamar “ética simia”, justamente por la ausencia de ese sistema de normas y políticas, dentro del que está la religión y las metáforas que sobre la Divinidad tejemos.

En ese sentido, cuando Jesús de Nazaret, el Cristo, afirmó en el Evangelio según San Juan capítulo 10 versículo 34: “¿no está escrito en vuestra ley: yo dije, dioses sois?”, indicaba por un lado la reafirmación que él es la metáfora por excelencia de la Divinidad judeocristiana, en tanto encarnación de aquella, como lo afirma el versículo 36 de ese mismo pasaje y por el otro, la divinidad que está implícita en la capacidad humana de hacer justicia, de defender al pobre y al desposeído, de cooperar para liberar al menesteroso de la mano de los opresores como lo explica el Salmo 82 que Jesús cita.

¿Serán capaces católicos y cristianos que dicen adorar a Cristo, de ser dioses siendo justos, siendo empáticos y cooperadores, fieles a su instinto animal, a su naturaleza primate? ¿O será que seguirán siendo “dioses”, pretendiendo pasar por divino mandato su soberbia, su egoísmo moral, su clasismo y su individualismo?

Definitivamente la ética en la nueva normalidad que debemos tener en Colombia después del confinamiento total que pronto acabará, deberá pasar por la crítica a esas estructuras culturales y religiosas que por siglos hemos tenido, de lo contrario, no habremos aprendido nada de estas semanas de cuarentena.

Zootecnista Universidad Nacional de Colombia, Candidato a Magíster en Producción Animal de la Universidad Nacional. Coordinador Nacional para asuntos de Paz de la Organización Nacional de Juventudes Liberales 2014-2018.

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