El negacionismo esta de moda

Opinión Por

La palabra “moda” la vinculamos mayoritariamente con el sector textil y confecciones o cuando pensamos en algo que se mantiene recurrente en la dinámica de una sociedad, cualquiera que sea el tema. Hay modas permanentes y pasajeras; buenas y no tan buenas. Y de esta última, se ha vuelto común otra palabra que responde a un comportamiento incrustado en nuestra sociedad: el negacionismo.

Según el diccionario, es el rechazo a un hecho histórico o de una evidencia clara que crea inconformismo difícil de aceptar por más real que sea. Es un comportamiento humano que se elige para desconocer una verdad incómoda.

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El negacionismo es la actitud más facilista que ha encontrado el ser humano para evadir responsabilidades o realidades empíricamente verificables. Desde muy chicos, nuestro comportamiento negacionista se manifiesta como una defensa ante la opción de una penalidad o castigo. Allí está el embrión de la actitud en negación que corre ampliamente en muchas sociedades del mundo.

Hay personas como un expresidente iraní que niega la existencia del holocausto contra la comunidad judía perpetrado por los nazis en la segunda guerra mundial; los turcos en su mayoría prefieren desconocer el genocidio contra los armenios; hay personas que no dan crédito a que el hombre haya llegado a la luna; líderes mundiales que niegan la peligrosidad del virus de moda: el COVID19 pero caen finalmente en barrena por contagio ; o muchos líderes públicos y privados que niegan o desconocen el cambio climático de nuestra época. Y así una infinidad de hechos reales que son sistemáticamente negados por intereses o por temores.

Increíblemente hay grupos socioeconómicos pudientes que no incluyen en su perspectiva de sociedad la existencia de la extrema pobreza, ya sea por vergüenza o por interés y se aíslan temporalmente en sus clubes sociales de fin de semana. Hay quienes niegan la existencia de dioses, aunque aceptan la de seres extraterrestres, de fantasmas y de brujas, porque que las hay, las hay.

En el ámbito colombiano, hay políticos importantes que niegan públicamente la existencia del conflicto interno que mantiene en vilo al país desde hace media centuria; un director de un centro nacional de memoria histórica que niega hechos amargos comprobados del pasado; un alcalde que desconoce la construcción, en las últimas tres décadas, de una sociedad incluyente como Medellín que todavía se recupera de episodios traumáticos de su historia reciente; o excombatientes de una guerrilla como las FARC que, aun con la premiación de una posible delación, niegan sus responsabilidades en acontecimientos atroces ampliamente conocidos local e internacionalmente.

El negacionismo del ser humano ha llegado a tal extremo que, en Chile, ya están proponiendo criminalizar legalmente la negación de los abusos en la dictadura de Pinochet. Si aplicáramos esta iniciativa en todos los países, una buena parte de la población mundial estaría no solo en la cárcel sino en consultorios de ayuda profesional buscando salvarse del negacionismo.

De darse el ejemplo de la acción del reconocimiento, podría ser el primer paso para poder alcanzar una paz y una convivencia constructiva entre todas las sociedades de nuestro planeta, en particular en Colombia, que, por vivir en negación, hacemos que nuestra pacificación y tolerancia sea poco realista, pero si nos lo proponemos, podemos negar el negacionismo.

Estudió Derecho en la Universidad Javeriana, es diplomático graduado de la Universidad Jorge Tadeo Lozano de Bogotá, especializado en Relaciones Internacionales en Italia y Brasil; ha sido funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia y embajador encargado en Brasil, representando a Colombia en múltiples reuniones bilaterales y multilaterales orientadas al desarrollo y promoción de exportaciones y negocios en foros multilaterales y en diferentes países. Director Comercial de las Oficinas Comerciales de Procolombia en México y Costa Rica, y Representante del BANCOLDEX en México. Director Ejecutivo de la Agencia de Cooperación e Inversión Internacional de Medellín.

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