UNA PLUMA MENOS PARA EL ÁGUILA

Opinión Por

Demostrado estaría, que no hay nada que dure mil años, ni cuerpo que lo resista. Los imperios caen, los tiempos mudan, los Estados cambian de gobiernos, y así mismo hasta las guerras y las invasiones tienen un límite. La salida de los Estados Unidos de Afganistán, es una clara señal que hasta los cazadores se cansan.

Por no decirlo así. ¿Qué foto es esa, soldados saliendo, embajadas moviéndose, gente despavorida, un país en ruinas? Lo sucedido en Afganistán, es una imagen nítida de que significa una invasión imperialista, y sus resultados finales de un país que acepta la intervención de los Estados Unidos. Si al final se suma solo queda el fracaso.

La reflexión es que no se necesita ir a la edad media para ver a un país en esas condiciones. Entonces, los ojos del mundo ahora se quedan atónicos por lo sucedido. Las organizaciones que defienden los llamados Derechos Humanos sueñan curiosa su forma de manifestación y preocupación, más parece lavado de manos que otra cosa. Y, dónde están las críticas de estas organizaciones a los países que les gusta producir, reproducir caos.

Por ello, la película de personas huyendo de su propio país para otros lugares se llamaría efectos de la sociedad líquida de la falacia de la globalización. En simples palabras, el cansancio de los Estados Unidos en tierras de Afganistán sería sinónimo de que el monstruo no más vive solo en el zoológico del juego geopolítico del mundo.

¿Cómo América Latina debería tomar la nueva derrota de los Estados Unidos en pleno siglo XXI?; ¿Ahora a donde serán virados sus ojos, a que países querrán subordinar?

Los pueblos del Sur Global, sobre todo la opinión de la calle deberíamos tomar en serio el significado de la palabra intervención. Alguien ya lo dijo, somos homo videns nada más, pero, eso no quita que se mantenga el criterio de la reflexión en general. Por eso, que si hay pueblo que guste del intervencionismo de los Estados Unidos ahí tienen un nuevo ejemplo. No es ficción, es realidad en la vida real.

En un texto, de Pierre Joseph Proudhon, dice que la guerra es la salud del Estado que la carga. Lo que se quiere decir es que solo lucran quienes imponen una guerra, planifican una invasión. En ese sentido, los efectos colaterales para quienes fueron obligados aceptar un régimen diferente, al final estos están expuestos el caos. El caos llega porque los obligados a salir huyendo de su territorio nunca se van del lugar, solo son removidos o por último son desaparecidos. Esa imagen es la que se ve en todo Estados invadido por otro. La ayuda internacional desde el intervencionismo venga de donde venga al parecer no da resultado alguno para los anfitriones.

En ese punto, volviendo a nuestros Estados débiles, debería estar descartada ya la noción intervención extranjera. Al parecer queda descrito que para quienes se comprometen a dar la paz, y el desarrollo por medio de la injerencia amiga, es más falsa que cuando el diablo jura en nombre de Dios.

Siguiendo la línea de raciocinio, quiénes son los buenos y a quiénes se les puede decir los malos en una historia donde la injerencia es la bandera a defender por un tipo de príncipes. Para darse esa respuesta, y justificar la reflexión y no quedar solo en el argumento ad hominem, el sur Global tiene ejemplos parecidos de injerencias y sus resultados. Solo es cuestión de teclear, en Google la palabra injerencias de los Estados Unidos en América Latina, y saldrán amplios repertorios para refrescar la memoria de todo tipo.

En consecuencia, como queda el ser humano después de una fase donde los supuestos amigos se van y ahora te quedas solo en casa, sin saber que hacer. En ciencia política hay una terminología usada por los politólogos, el ser amigos y enemigos, para señalar el significado de alianzas entre intereses de Estados. Es aquí donde el maquiavelismo actúa en escala pura de dominación sobre los individuos de un cierto espacio, territorio.

El individuo al final de todo conflicto parece quedar solo como carne de cañón, para la continuidad de una nueva guerra. Lo que se quiere señalar es que para el que invade un país fácil es salir de donde no fue convidado a entrar. Ahora es ese ser social que se queda en su casa, que empieza a vivir una realidad o en apoteosis, no catastrófica. Eso se observa en Afganistán. Unos celebran, y otros piden suplicas por sus vidas.

Finalmente, la salida de los Estados Unidos de Afganistán, de seguro es el sonido que ya nada es lo mismo, y que nuevos juegos geopolíticos existen, Rusia, China. Sin duda el hombre se muestra a ser un candidato e enemigo concreto de su propia existencia.

Natural de Perú, Huancabamba. Licenciado en Ciencia Política y Sociología por la Universidad Federal de Integración Latinoamericana- UNILA- Brasil donde vive actualmente. Líder del Grupo de Estudios e Intercambios Andinos de Huancabamba y América Latina- GEIAHAL.

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